Se triplicaron los divorcios entre parejas de jubilados

ARGENTINA – Se sabe: la gente se casa menos y se divorcia más. Y en esta tendencia no quedan afuera ni los mayores. En 2001 se divorció el 5% de los porteños mayores de 60 años (entonces, casi 30 mil). Y en 2008 se separó el 10,4% (unos 72 mil). Es decir, en siete años los separados de esa edad se triplicaron, según cifras oficiales.

Mariana Iglesias

 

Las razones del crecimiento son muchas, algunas evidentes, como el aumento en la expectativa de vida: en la ciudad de Buenos Aires es de 80 años para las mujeres y 76 años para los hombres. Según la Encuesta Permanente de Hogares en 2001 había 600 mil mayores de 60, y en 2008 ya eran 700 mil.

“En la población general, los separados son el 9,7%, (11,6% las mujeres y 7,4% los varones, porque reinciden más en el matrimonio). En la población de 60 años y más el porcentaje es mayor (10,4%), pero más igualitario por sexo. Se debe a que a más edad hay más viudas por su mayor esperanza de vida”, explica Victoria Mazzeo, jefa del Departamento de Análisis Demográfico porteño.

Otro factor fundamental en esta tendencia: el Viagra, que permitió prolongar la vida sexual.

“Existen varias causas: socialmente hay más aceptación del divorcio independientemente de la edad. Esto anima a quienes no tuvieron un matrimonio feliz a terminarlo. Aquellos que tras la jubilación no tienen proyectos o actividades están condenados a estar todo el día en casa, y con más tiempo para discutir hay más probabilidad de divorciarse”, dice el gerontólogo Germán de la Llave.

“Cambiaron las expectativas sociales con respecto al comportamiento adecuado a cada edad. Así como no hay edad para casarse ni para separarse, no hay una edad de comienzo de la vejez. Somos testigos de la aparición de nuevos viejos. Son adultos que conservan su espíritu lúdico, rescatan su niño interno. No ejercen tan solo como abuelos, sino que viajan, estudian, trabajan, se sienten vivos, disfrutan, son partícipes y constructores activos de su entorno, demostrando así que la adultez mayor puede ser un período fértil para seguir creciendo y proyectándose. Y la pareja tiene que poder acompañar este crecimiento”, explica Graciela Zarebski, directora de la especialización en Psicogerontología de la Universidad Maimónides.

Para la psicogerontóloga Laura Bottini, el comportamiento de los mayores no es diferente del resto: si cada vez se separa más gente, ellos no son la excepción. “Hoy hay mayores posibilidades de expresión. La mujer, por ejemplo, siente que ya no debe someterse como hizo siempre. Los hijos se fueron, ellos están jubilados, entonces se replantean cómo siguen adelante”, dice Bottini.

“Las nuevas formas de envejecer promueven que las personas mayores tengan otras expectativas y esto permita aventurarse a seguir eligiendo de qué manera vivir, algo que en otro momento podía ser tomado como algo absurdo, ya que no parecía un tiempo para que sucedan estas cosas. Se describe como sociedad “uniage” (como unisex) en donde los límites por edades son más cuestionados y se promueven estilos de vida similares a distintas edades. Los términos actuales de vida pueden ser tan largos que permiten que el curso de la vida tome formas inéditas”, asegura Ricardo Iacub, psicólogo, especialista en vejez.

“La emancipación de la mujer en lo laboral y en la sexualidad es un factor fundamental que incide en esta tendencia. Una vez que se cumple el rol parental con la emancipación de los hijos, puede decantar la insatisfacción, la mujer ya no se concibe sólo como madre y abuela y esto dinamiza múltiples sentidos de la unión conyugal. Se abre un período de tiempo muy largo de vida como para seguir sometiéndose a una convivencia insatisfactoria. La crisis de un modelo de familia fundado en la autoridad patriarcal y la democratización de las relaciones al interior de la familia, permite el armado de diferentes trayectorias en sus miembros, hasta sentir, cuando se vuelve a ser dos, que ya no hay puntos en común. La vida cotidiana puede volverse insoportable: intolerancia, aburrimiento o peleas constantes”, sostiene Zarebski.

Hay otra situación: la separación cuando no se acepta el envejecimiento, ni el propio ni el ajeno. “Hay divorcios de gente grande que sufre mucho, sobre todo las mujeres, cuando el hombre se va con una más joven. Algunas son mujeres que nunca trabajaron y se sienten perdidas. Hay casos de hombres que tienen otra mujer muchos años y recién se animan a divorciarse cuando los hijos se van de la casa. La mujer tiene derecho a recibir cuota alimentaria, más cuando el hombre fue único sostén familiar”, dice Viviana Koffman, del Club de las Divorciadas.

Pero hay muchos otros casos de gente que rompe para crecer. Lo sintetiza bien Zarebski: “Más años y más libertad. Son dos ganancias de las últimas décadas”.

Cifras

700.000 – Son los mayores de 60 años que viven en Capital.

10,4% – De porteños mayores de 60 se separó en el 2008.

3.000 – Son los argentinos centenarios. El 79%, mujeres.

60% – De argentinos mayores de 60 años dicen que están sanos.

Los motivos de ellos

– Aumento en la expectativa de vida: 76 años.

– La aparición en escena del viagra prolongó la vida sexual masculina. Hay hombres que no admiten la vejez (ni la propia ni la ajena) y tratan de sortearla buscando parejas más jóvenes.

– Hay hombres que tienen otra mujer durante años, pero recién se separan cuando sus hijos se independizan. También cuando tienen el tiempo libre de la jubilación.

Las razones de ellas

– Aumento en la expectativa de vida: 80 años.

– Muchas mujeres trabajaron gran parte de su vida, con lo cual tienen ingresos económicos que les dieron mayor independencia para mantenerse y también mayor seguridad para enfrentar la vida sin pareja.

– Si se siente mal en pareja, prefiere la tranquilidad de la soledad antes que someterse a los requerimientos del otro.

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Fuente: Clarin (Argentina) 9/5/2010. Disponible Aquí

 

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