El alma del Hogar de Ancianos

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San Juan – El Hogar es inmenso; en la entrada, la recepción destina a varias puertas. Un hombre con bastón, atraviesa la sala, y de pronto aparece ella, Ida Elvira Santillán, una residente del Hogar de Adultos Mayores Eva Perón, pero una residente muy especial. Coqueta, con una cabellera enrulada con precisión, uñas pintadas al rojo vivo, luce una blusa con puntillas y una falda con flores, como resplandeciendo su espíritu lleno de alegría.

El-alma-del-Hogar-de-AncianosY no es para menos, ayer estaba lista para presentar su nuevo libro: “La Soledad de la vida que tiene su Hogar”, en el patio del conocido Hogar de Ancianos.
“Este libro es el sexto de mi autoría pero para mí es como mi séptimo hijo. Creo que debería ser apadrinado por la presidenta Cristina… ya podría ser mi comadre”, dice entre una risa cálida.

Su temple y dulce voz invitan a ser escuchada. Ella explica: “Cuento la historia de la Residencia en base a mis experiencias vividas durante los dos años que llevo acá. Desde aquel 25 de agosto de 2009, cuando ingresé al hogar. En ‘La soledad de la vida que tiene su hogar’, expreso las vivencias que se suscitan en el Hogar, cómo son los internos, cómo es el trato de los profesionales, cómo es la gente que viene a pasear y nos visita. Ellos nos traen palabras de aliento”.

También, la tapa del libro parece describir el fiel reflejo de ese hogar y no es pura casualidad. La elección fue de Elvira cuando, “estando en un momento dado en el jardín, noté que había un señor llamado Francisco Sánchez, tan ensimismado en su pensamiento y apoyado en un perrito… y me pregunté, ‘quién tendría una cámara de foto’, porque pensé que sería la portada de mi libro; y ahí están los dos, pensando en la soledad”, define la escritora.

Si bien Elvira Santillán resguarda con recelo su edad, la mujer está en los albores de los 80, pero su apariencia la delatan como una mujer con fuerza superadora y sanadora, que contagia a los demás.

Su experiencia:

Retirada de su profesión vocacional como enfermera, la dama de la pluma resume: “Yo estaba totalmente vencida por la pena y tristeza de haber perdido todo. Vivía en la Capital, pero estaba completamente sola y fue que con la ayuda de la gente de SADE (Sociedad Argentina de Escritores) que llegué acá -al Hogar de Ancianos-; donde encontré según mi apreciación, un deje de amargura, de tristeza, a los residentes absorbidos con un pesar; pero luego los pasillos me transportaron, imaginariamente, al lugar de mi trabajo –el Hospital de Niños-. Y me di cuenta y me reanimé”, dice. “Me di cuenta que tenía una misión que cumplir porque era Dios quien me colocó aquí para vivir otra experiencia”.

“Me aproximé a los mayores para hablar; les tocaba el hombro y les animaba diciéndole que sigamos adelante y así empecé a ver en ellos una sonrisa, a entregarse más… Yo trato de aportar en el hogar confort, ayuda, apoyo, comunicación”, relata Santillán, quien luego prosigue: “El residente necesita todo eso que es un buen porcentaje de reanimación en pacientes-residentes que se trasladan en sillas de ruedas, que tienen secuelas cerebrales irreversibles, audición o habla perdida, o que no pueden caminar, tienen amputaciones; a todos ellos les hace falta una cuota de cariño y ánimo para seguir adelante”.

Mientras disfruta del estreno de su sexto libro, ya piensa en las directrices para un nuevo desafío, lograr transmitir en un nuevo libro la sensibilidad de las historias geriátricas.

Las palabras de Elvira:

Ida Elvira Santillán cuenta que comenzó a escribir cuando tenía 10 años. “Sentí el deseo de escribir y lo primero que plasmé fueron unos poemas para mis padres. Siempre le escribía composiciones, les decía cómo eran ellos, cómo los quería y ellos se sentían orgullosos; los veía emocionados y eso me daba mucha satisfacción”. Desde ese entonces, la mendocina, nacida en La Paz, nunca dejó de expresar con palabras las historias de las personas que marcaban su vida, como la enfermedad y muerte de su hijo Tito, la separación de su esposo, la enfermedad de su padre y las afecciones de tantos pacientes que atendió siendo enfermera pediátrica.
Es así que todas sus publicaciones están relacionadas con hechos de su vida como “El ángel de un niño me nombró enfermera”, “El hombre y su riqueza espiritual”, “Amigos para siempre”, “El amor delineado en poemas”.

Fuente: Disponible Aquí

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